Pequeña niña mía:
antes de amar tu mirada
conocí a una mujer con los ojos tuyos.
Ella miraba la Luna
como si buscara su rostro en un espejo.
Niña mía, blanca eres como leche
aún recuerdo cuando te miré un día
y conocí el brillo claro de la gente
tu mirada contenida en el rostro
tu blancura de primavera
tu risa envenenada de fuego.
Ella tenía unos ojos serenos
hechos de barro
adornados con gemas de fuego
-la sinceridad de su mirada
mentía del tamaño de tus pechos-
Era grácil y transparente
y su andar en esta tierra era de maíz
en su respiración anidaban pájaros
todo en ella era: ceniza
polvo,
hilos,
tejía al borde de mí estrellas
las zurcía a mi cuerpo
una
a
una:
despacio
las descosía de la noche
para volverlas a anudar a mí de nuevo
(repetía el ritual todas las noches)
y al amanecer cerraba los ojos
para dormir a mi lado,
de nuevo.
lunes, agosto 16, 2010
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario