Soy adicto a pensar en las mujeres
en desnudarlas desde mi mente
tratar de sentirlas en los lugares
donde nadie más miente.
Confieso con firme gusto lo siguiente:
mirarlas siempre como cómplice silente
del eco que se esconde en las entrañas del viento
de una misma confesión hecha de mar y fuego.
Y soy yo un adicto a tocarlas, tatuarle mil caricias
hablar con todas ellas un propio lenguaje hecho de ceniza
mágico hechizo de distancias: besos, versos y poesía salina
y a mí no me queda más que existir en sus supiros de ninfas.
He de confezar, que logro recordar las a todas por su geometría
desde la más simple hasta la acuarela que enloquece mi talante
y no me canso de verdad de mirarlas y (des) cubrirlas en poesía
ser simple juez de un dulce encanto que es no perder su amor menguante.
Sino más bien, escribirles desde la piel versos erotizantes
que hablen da amor, cuerpos desnudos y caricias distantes
de miradas penetrantes o bellos corazones danzantes
que no ha más que decirles que aquello que sueñan los amantes.
Y les escribo aquí para siempre poder recordar
que sus caderas me hacen ronronear,
que para mí no hay más mujer que en verso
o vasto infinito de la caricia en su eco.
He pensado en muchas de ellas, como amigas secretas
que luego escondo con diversos nombres:
Flor de luz, Catalina, Aidin, Pasifae o Poesías
da igual como se nombren siempre que no sean hombres.
Y acepto que me gustan los pechos de mujer
su forma clara de medias lunas crecientes
y sus formas campiranas de trigos celestes
dina estamapa en siluetas desnduas he de tener.
Yo quiero amarlas a todas, poseerlas desde mi verso
ser simples los dos un solo momento como aliento
de aquello que no hara siempre un mismo fuego
que no se expanda, que no termine en simple viento.
Y al paso del tiempo, me he dado cuenta
que no no hay mejor verso, ni poesía, ni rima
que no sea una mujer desnuda en la tina
rogando por el encuentro de un mismo encanto.
Me gusta lamer sus pubis extender sus placeres
hasta los reinos de los más tiernos sueños
donde no hay más límites que sus porpios placeres
en una definición exacta de sus rezos: orgasmos.
Y hoy declaro: me gusta mirar a las mujeres
y disfuto los más bellos placeres
de tocarles los pechos bajo las ropas
y extender su placer hasta las sombras...
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